Mi analista dice que cuando estás conociendo a alquien que te gusta tenés que hacer una tabla con tres divisiones.
La primera es de las cosas que considerás imprescindibles. Esto es, que si el chico o la chica que te gusta tiene alguna característica que para vos es muy positiva, pues al casillero número uno.
Por ejemplo, yo considero fundamental que a mi chico le guste abrazar, y que abrace rico.
También que adore la música y podamos compartirla.
Que tenga imaginación viajera. Y que me invite a viajar sobre ella.
Ahora bien, si la chica o el chico que te gusta tiene un rasgo negativo que para vos es inaceptable, también va a parar a ese casillero.
Por ejemplo que no pueda defenderte ante el peligro, o que se esconda debajo de una frazada cuando vos lo necesitás.
Ambas al primer casillero.
La segunda división es de las cosas que son poco importantes. O sea que ahí metés los “nis”.
No es ni muy esto, ni muy lo otro, pero me da básicamente lo mismo, entonces va en el ni.
Que le gusten las mismas pelis que a vos.
Que hable mucho de sí mismo o que hable mucho de cualquier cosa.
Que sea alto.
Y después está lo que realmente no te importa. Lo nimio, pequeño, esas cosas que pasan desapercibidas.
Por ejemplo, si le gusta la comida japonesa o la hindú, si está a la moda o no, si es pelado o le sobra pelo. Si sabe lo que es Ikea.
Lo que es absolutamente intrascendente va al último casillero.
Cuando mi analista me lo dijo pensé que este esquema es absolutamente simplista.
Cómo vas a meter cada cosita en una casillita?
La vida es acaso una sumatoria de pequeñas cositas?
Me fui de la sesión con el croquis en la cabeza, incapaz de pensar en otra cosa.
Hoy creo que tal vez siga su consejo.
Todo sería tanto más fácil si pudiéramos meternos adentro del cuadrillé, abrigados por el amparo de la lógica progresión de sucesos, palabras y acciones que van armando este quebradero de cabezas, cada día.

Hoy hicimos teoría.
Comentarios recientes