Quebradero de cabezas

•Abril 23, 2008 • Dejar un comentario

Mi analista dice que cuando estás conociendo a alquien que te gusta tenés que hacer una tabla con tres divisiones.

La primera es de las cosas que considerás imprescindibles. Esto es, que si el chico o la chica que te gusta tiene alguna característica que para vos es muy positiva, pues al casillero número uno.
Por ejemplo, yo considero fundamental que a mi chico le guste abrazar, y que abrace rico.
También que adore la música y podamos compartirla.
Que tenga imaginación viajera. Y que me invite a viajar sobre ella.

Ahora bien, si la chica o el chico que te gusta tiene un rasgo negativo que para vos es inaceptable, también va a parar a ese casillero.
Por ejemplo que no pueda defenderte ante el peligro, o que se esconda debajo de una frazada cuando vos lo necesitás.
Ambas al primer casillero.

La segunda división es de las cosas que son poco importantes. O sea que ahí metés los “nis”.
No es ni muy esto, ni muy lo otro, pero me da básicamente lo mismo, entonces va en el ni.
Que le gusten las mismas pelis que a vos.
Que hable mucho de sí mismo o que hable mucho de cualquier cosa.
Que sea alto.

Y después está lo que realmente no te importa. Lo nimio, pequeño, esas cosas que pasan desapercibidas.
Por ejemplo, si le gusta la comida japonesa o la hindú, si está a la moda o no, si es pelado o le sobra pelo. Si sabe lo que es Ikea.
Lo que es absolutamente intrascendente va al último casillero.

Cuando mi analista me lo dijo pensé que este esquema es absolutamente simplista.

Cómo vas a meter cada cosita en una casillita?
La vida es acaso una sumatoria de pequeñas cositas?
Me fui de la sesión con el croquis en la cabeza, incapaz de pensar en otra cosa.

Hoy creo que tal vez siga su consejo.

Todo sería tanto más fácil si pudiéramos meternos adentro del cuadrillé, abrigados por el amparo de la lógica progresión de sucesos, palabras y acciones que van armando este quebradero de cabezas, cada día.

Teoría de tres

•Abril 21, 2008 • Dejar un comentario

Hoy hicimos teoría.

Nos enredamos en profundísimas afirmaciones sobre el amor, las parejas, la vida, los otros, de nuevo el amor.
Entendimos todo muy claramente.

Que lo más importante es la conexión, que lo feo, lo horrible es el agobio, los celos y la dependencia.
Que tenemos que encontrar un objetivo fuera de nosotros, lejos, pelear por algo que nos una y a la vez nos trascienda, algo mucho más grande que nosotros los humanos las pobres cabezas de aguja del universo.

Todo eso entendimos, sonreímos, comimos apple crumble y brindamos con té, al son de un blues que valía la pena seguir escuchando.

Miramos los árboles mecerse en el viento cálido de esta noche sin humo, con luna llena de noche llena.

Nos miramos, construimos historias verosímiles, viajes imaginarios de vacaciones, planes para los próximos fines de semana de este año y descansamos sobre el blanco tapizado apenas molestados por la presencia de una mosca.

Tomamos un taxi apretaditos, un precioso grupo de tres que nadie entendía muy bien, pero no hace falta entender, si nos divertimos tanto como una familia.

Contentos y cansados de tanta teoría, nos fuimos a dormir cada uno a su casa.
Pero chau hasta mañana.

Otro encuentro con la vida real.

Recordándote, Umberto

•Abril 19, 2008 • Dejar un comentario

Es de noche y la tele termina temprano. Dejan la música prendida de fondo pero yo me voy a dormir.

Veo desde lejos el casarense canal 3 congelado en blanco y negro.

Umberto Tozzi canta Donna amante mia y entiendo porqué a veces se me cae encima toda la cursilería del mundo.
Nací con Umberto cantándome al oído cada noche y cada siesta.

Está tan prendida a mis huesos esa melodía, que ya es parte de los tejidos. Así fue creciendo junto al nesquik de la abuela y los dibujos del abuelo, el reloj de Fa, los viajes de los viejos, las mañanas de Luisita esperando en el aula, o el cielo de Casares.

Todo el cielo de Casares para mí.

Prueben: un poco de Umberto y se disipa el humo.

Días de humo

•Abril 18, 2008 • Dejar un comentario

Esto es un bar y hay mucha gente. El sol entra por la ventana. La dueña se queja porque le devolvió la billetera a un señor y el señor no le dejó nada.

Yo estaba feliz pero ahora no tanto.
La gente está desconcertada y confundida.

Y el humo cubre la ciudad.

Amor al prójimo

•Abril 18, 2008 • Dejar un comentario

A la mujer de adelante mío le tiembla la mano.

Está de espaldas a mí y veo cómo se agarra la cara.

Me viene un súbito deseo de correr a abrazarla.

Ejércitos

•Abril 18, 2008 • Dejar un comentario

Me pregunto si las cuadrillas del cable son pequeños ejércitos uniformados con armas peligrosas.

El chico me dice que las cuadrillas están viniendo para acá, quiere tranquilizarme y entonces usa la imagen de una batahola de hombres, un pelotón de operarios que supuestamente vienen a salvarnos la vida, o a devolvernos Internet, que es casi lo mismo.

No tengo muy claro qué es una cuadrilla, pero suena a escuadra, a geometría, algo matemático y preciso. Eso también detiene, al menos por un rato, mi ansiedad.

Menos mal que tengo que salir en media hora, sino la cuadrilla y la mar en coche saldrían revoleadas por la ventana ahora mismo.

El robot

•Abril 17, 2008 • Dejar un comentario

Nunca conocieron a alguien con apariencia de humano pero del cual sospechan que es un robot?

Bueno, yo sí.
Desde la manera de caminar y de moverse, hasta la forma en que mira, casi sin parpadear, la construcción de las frases y la absoluta incertidumbre sobre lo que realmente piensa, este tipo para mí es un alienígena, en engendro salido de un planeta extraño.

Además nunca supe si me quiere o me odia. Como Juliet en Lost, que nunca se sabe si es buena o malísima, este tipo-muñeco se comporta de la manera más ambigua que existe.

Pero siempre sospeché que escondía un as bajo la manga, o que me iba a dar la puñalada a la primera distracción.
Y efectivamente hoy soltó unas parrafadas altaneras y violentas, subido al pedestal que se instaló en su cuartito.

Quiero bajarlo de su pedestal de un hondazo.
Traspasarle la cara con un puño.
Hacerlo desaparecer de mi vida y alrededores.

Ya falta menos, ahora tengo que regirme por el arte divino de la paciencia.
Y en el momento menos pensado, lo mando a pasear, con una sonrisita socarrona, cantando bajito, fingiendo que me importa, como hace él, que tiene que fingirlo todo porque no tiene corazón.