Literatura de pasillo
Hace un rato nada más acabo de escaparme de la Feria del Libro.
Con paso firme y sigiloso logré escabullirme a los empujones del medio del gentío.
Iba yo confiada creyendo que tal vez la gente se quedaría en su casa, mirando fútbol, comiendo facturitas, degustando el obligado mate de las 18.
Error.
Todos estaban ahí. Todos todos.
Las amas de casa con sus críos en brazos o en cochecitos, los maridos aburridos reunidos en pequeños grupos haciendo tiempo, los adolescentes ávidos de comics, las señoras sesentonas y setentonas que nada tienen mejor que hacer un sábado a la tarde que apoltronarse en cualquier stand que regale cosas.
La gente va a que le regalen cosas. Largas filas en informes, o en stands de marcas de medicamentos, stands de provincias que reparten mapas, cualquier lugar que parezca estar rifando o rematando algo, genera un cúmulo de gente zumbando como abejas.
El lugar de mayor concentración de individuos es, por sobre todo, el pasillo. El pasillo vertical, el horizontal no tanto.
Hay que saber encontrar los atajos y no esperar como ganado a que se mueva el que va delante.
Escurrirse por los breves espacios que dejan sus cuerpos, esa es la clave.
Por suerte yo sabía a qué iba, entonces rápidamente encontré el libro que buscaba, Conejo de Viaje de Liniers. Entusiasmada por haber encontrado el libro y un rectángulo de 50 x 50 cms donde pararme sin que me pisen, compré otros dos más. Todo a muy bien precio.
Ya extasiada por haber hecho todo esto sin morir en el intento, decidí ir a por mi autógrafo de Liniers, el verdadero motivo de mi visita a la fantástica y relajante exposición. Grande fue mi sorpresa cuando al ponerme en la fila de 112 personas agolpadas en el stand de Ediciones de la Flor, un señor muy puesto me dijo que ya se habían terminado los numeritos, eran “80 nada más querida, te digo para que no hagas la fila viste”.
Y bueno, muy oronda y sin perder la compostura, emprendí mi retirada con paso fugaz y mi bolsita en la mano izquierda, dejando madre y tía desperdigadas por ahí, felices en todos y cada uno de los pasillos.

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